El comienzo solo es el primer paso hacia el fin
En el lugar en el que había vivido las duras mañanas de invierno eran húmedas, frías y amargas, como amores corrosivos que esperan algo más que a la nada.
Aunque en verano el calor es asfixiante, la humedad seguía persistiendo en el ambiente como una capa gruesa y uniforme que se extendía a lo largo y ancho de mi ciudad, un escudo protector que no dejaba traspasar el mínimo atisbo de aire.
La humedad de aquel clima seco y soleado era permanente como mi estado mental, algo que nunca cambiaría puesto que yo misma había decidido que no iba a cambiar, ya que aunque lo intentase la amargura y el dolor que sentía dentro de mi nunca tenían fin.
Este dolor era semejante a una quemadura, algo que te abrasa el pecho y a la vez dejas de sentirlo puesto que el dolor de lo ya perdido, de lo ya evaporado por el calor de tu corazón es lo que te mantiene despierta, lo que te mantiene ligada a la tierra… porque ya ni siquiera hay razones para que alguien demuestre lo contrario, el vivir o no, solo lo dicta el calor de tu corazón.
Mi vida estaba atestada por numerosos problemas, pero había uno en especial que me atormentaba, cada noche al dormirme soñaba con horribles pesadillas, sucesos y acontecimientos aparentemente reales, en ocasiones lo único que lograba conseguir era quedarme despierta y no dormir ya que cuando lo hiciera eso que mi alma temía, volvería.
Aquella mañana volvía a estar en vilo, y aunque mi corazón y mi alma aullaran de dolor, mi cuerpo y mi espíritu rezaban por un buen día, ya que por suerte o por desgracia yo era un pelín pesimista.
El sol aun no había salido, pero se podían apreciar los primeros rayos que despejaban el cielo como una manta helada que arrastraba la noche a su paso, me incorpore como pude en mi colchón y observé por un instante mi habitación, que era aquel asqueroso cuarto de calderas en el que el señor Murh me había confinado y por tanto condenado ha pasar allí lo que quedaba de mi tiempo. En aquel sucio lugar se podían escuchar los correteos de las ratas por las tuberías y ver cada una de las telarañas que había por sus esquinas acechando cada noche a devorarte ya que, aunque las arañas son diminutas y apenas visibles con toda la oscuridad que se cierne sobre el dormitorio, no son mas que criaturas malévolas y asquerosas que te chupan las sangre y las vísceras mientras estas dormida, o al menos eso pienso yo.
Pero repasando profundamente el cuarto, si que debía limpiarlo. Pero es que el señor Murh no me dejaba respirar, cada día me levantaba más temprano pero lo único que conseguía era acostarme más tarde, sin ni siquiera poder exprimir un minuto libre al día.
Bueno resumiendo, yo maravillosa, fantástica y sobre todo humilde servidora trabajaba a jornada completa y sin salario parel señor Murh y por lo tanto mi tiempo era propiedad de el, y verdaderamente podría decir que es completamente agotador y lo que una chica de mi edad necesita (según todos los médicos) son unas buenas horas de descanso, pero aunque eso para mi era un objetivo inalcanzable, al menos deseaba poseer una cama en condiciones.
Pero no, la respuesta para mi siempre ha sido y será un gran NO, ya que mi cama (si es que a eso debería llamarlo cama) es un andrajoso y piojoso colchón, aunque supongo que ese termino es demasiado pulcro.
Ya que en realidad es un saco sin relleno en mitad de un cuarto de calderas, sin almohada y con un gran problema de comodidad importante.
Pero si lo miras de un modo distinto se podría decir que mi vida entera es así, un saco roto y sin relleno al cual solo la suciedad y los insectos se atreven a acercar.
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